Historias y Relatos de Terror

La Belleza Imbisible
Esta historia aunque no lo crean es tan real como que el cielo es azul.
Susan era una adolecente que le gustaba mucho mirarse en el espejo y decirce a si misma que era hermosa;podia durar horas en el espejo y aunque todos le digeran y advirtieran el peligro de su gran vanidad ella no haciacaso.
Una noche despues de pasar horas dando vueltas en su cama sin poder dormir decidio ir a la sala a mirarse en el espejo.Al pasar frente a el no podia resistirse a voltear y posar para ella misma.Esa noche se paro frente a espejo y noto que de sus ojos nacian gotas de sangre pero al tocarcelos no tenia nada;fue orrible para ella verse asi y sin embargo dejando pasar aquel insidente siguio haiendo muecas frente al espejo.
Esa noche lo unico que iluminaba esa sala era la tralucida luz de la luna la cual era bastante llamativa y permitia ver perfecta la silueta de la chica.Haciendo muecas pudo notar que su cara se empesaba a deformar y algunos organos de ella estaban desapareciendo;no pudo evitar el horror asi que corrio al cuarto de su madre y en cada espejo que se veia la sangre brotaba de sus hojos tenia cortadas y marcas de picaduras y mordeduras.Apesar de que todos le decian que estaba bien cada vez que se miraba en el espejo su misma boca ablaba por ella sin comprender su cerebro lo que decia y haciento gestos de orror tristeza y asombro espelusnantes para el ojo humano.Despues de esa horrible esperiencia tuvieron que tapar todos los espejos de su casa pero siempre por casualidad a las 3:00 de la mañana un espejo aparece sobre su cama haciendole provocar terribles ataques.Hay gente que comenta que la han visto deambulando como un alma en pena y que al llegar a las casas de chicas como ella muy banidosas y mirarse en los espejos lansa unos gritos lloros y gemidos de dolor.
Y recuerda que en cualquier momento en que te estes mirando en el espejo en la noche ella puede aparecer como un reflejo y hacer que jamas seas la misma.

El Fantasma De Verónica
Nunca debes ponerte frente al espejo y repetir nueve veces seguidas el nombre de Verónica. Sé que quizás hayas oído esta historia...Quizás pienses que es mentira y no me creas...está bien, no pasa nada, pero por favor NO TE BURLES DE ELLA ya que puede caer sobre ti una maldición terrible. 
Veronica era una chica de 14 años que haciendo espiritismo en una casa abandonada no siguió las reglas de los fantasmas, se burló durante toda la invocación y una silla que había en la habitación cobró vida y la golpeó mortalmente en la cabeza. Pero la venganza de los espíritus no acabó aquí: Verónica aun no descansa en paz. Su espíritu está condenado eternamente y ahora es ella la que quiere vengarse de todo aquel que no sabe respetar el Mas Allá.
María era una chica que conoció la leyenda en su universidad. Ella era mayorcita para creer en esas estupideces, pensaba ella y se reía. Sus amigos la picaron, ya que si no tan valiente que era no tendría problemas en hacerlo. Fue a un baño, acompañada de una compañera y lo hizo. No pasó nada y el grupo, entre risas, lo olvidó enseguida.
Pero María no pudo olvidarlo. Al hacerlo sintió un escalofrío indesscriptible...y su pesadilla comenzó esa misma noche. Tumbada en la cama, despertó por un sonido raro. Era un susurro indescifrable que oía cerca de la nuca. Además sentía como si alguien respirara en su cuello. Asustada, se levantó y encendió la luz. Nada había a su lado. Pero no pudo dormir en toda la noche. 
Al día siguiente, no se atrevió a contárselo a nadie de la universidad aunque aún seguía aterrorizada por lo que le había sucedido la noche anterior. En mitad de la clase tuvo que salir al servicio. Cuando entró al baño, hacía mucho frío y una capa de vaho cubría el espejo. María lo limpió con la mano y vió horrorizada que tras ella había una chica con una expresión de odio y sangre en la cabeza. Cuando se volvió a mirar, ya no había nadie. Rió nerviosamente, pensando que todo era fruto de su imaginación, los nervios y el cansancio. Sin embargo, al volverse hacia el espejo vió algo que la dejo blanca. En el vaho había frase escrita: "No debiste invitarme a volver".
María no pudo soportarlo. Encerrada en un manicomio, sólo decía que el fantasma de Verónica la seguía atormentando. No pudo soportarlo y acabó suicidándose.
Yo lo pensaría dos veces antes de meterme con el Más Allá.

La Llorona
Las primeras noches, los vecinos contentábanse con persignarse o santiguarse, al oir aquellos lúgubres gemidos que eran, según ellos, de ánima del otro mundo; pero fueron tantos y repetidos y se prolongaron por tanto tiempo, que algunos osados y despreocupados, quisieron cerciorarse con sus propios ojos qué era aquello; y primero desde las puertas entornadas, de las ventanas o balcones, y enseguida atreviéndose a salir por las calles, lograron ver a la que, en el silencio de las obscuras noches o en aquellas en que la luz pálida y transparente de la luna caía como un manto vaporoso sobre las altas torres, los techos y tejados y las calles, lanzaba agudos y tristísimos gemidos". Este es el inicio de una leyenda que se prolonga desde la conquista de México hasta nuestros días. "La Llorona" es un ser espectral, al estilo de la española "Santa Compaña", que vaga por los caminos de todo el país azteca, dejándose ver por algunos vivos que tienen la fortuna de presenciar tan insólita aparición... o infortunio. La aparición de "La Llorona" como otras criaturas espectrales del folclore mexicano ha contribuido enormemente en la particular concepción que los mexicanos tienen de la muerte y del más allá. Y es que la visión de esa mujer espectral causa un profundo pánico e impotencia a todos los que aseguran haberla visto. Mundo Misterioso ha tenido la oportunidad de recoger en diferentes puntos de México testimonios reales, y recientes, de la aparición. Gloria Rosa Pérez, vecina del pueblo de Ameca-Ameca, nos narraba así su escalofriante experiencia: "Cuando tenía 10 añitos, mi abuela y yo asistimos al velatorio de una vecina. Al volver a casa, por el camino del pueblo (Ameca-Ameca) oímos un ruido y la abuela me dijo que me voltease a ver quien venía, y vi a una mujer vestida de blanco, con el pelo suelto, volando sobre el camino. La mujer volaba hacia nosotros pero no llego a alcanzarnos en ningún momento. Al llegar junto a un árbol se detuvo y entonces empezó a gritar. Y de pronto desapareció en el aire..." Otro de los casos contemporáneos de la aparición de "La Llorona", que recopilamos personalmente en México, nos llega de labios de un testigo radicalmente opuesto a Gloria Rosa Pérez. Se trata de la experiencia de Alberto Islas, ex-policía judicial, hombre de clase social y cultural media alta, que nos recibe en su domicilio de la Colonia Miguel Hidalgo, en la periferia del Distrito Federal. "Yo estaba con mi novia, hace ya muchos años, y la había acompañado a casa para despedirnos después de una tarde paseando y, en fin, lo que hacen todos los novios. Ya había anochecido, y yo acababa de dejarla en la puerta de su casa, y entonces la vi. Era una mujer, de unos treinta o cuarenta años. Llevaba un vestido blanco muy holgado, y semitrasparente. Tenía el cabello suelto, y negro como el azabache. Estaba como flotando y de pronto empezó a gritar. Eran unos gritos espeluznantes, unos lamentos de verdad sobrecogedores... y de pronto desapareció en la noche. Como si la hubiesen jalado desde el más allá..." La tradición de "La Llorona" tiene sus raíces en la mitología de los antiguos mexicanos. Sahagún, en su Historia (libro 1º, Cap. IV), habla de la diosa Cihuacoatl, la cual "aparecía muchas veces como una señora compuesta con unos atavíos como se usan en Palacio; decían también que de noche voceaba y bramaba en el aire... Los atavíos con que esta mujer aparecía eran blancos, y los cabellos los tocaba de manera, que tenía como unos cornezuelos cruzados sobre la frente". Nos encontramos, por tanto, ante un episodio viviente, actualizado y totalmente real para sus protagonistas, del antiquísimo folclore mexica hecho carne... eso si, carne espectral.

La Carretera Fantasma
Se cuenta que hay una carretera comarcal en Paiporta, cerca de Valencia, dónde ocurren unos sucesos un tanto extraños. Y lo más impactante es que en los ultimos meses mas de 10 personashan muerto allí. Y no se sabe la razón exacta. Nadie se había percatado de esta ciscunstancia ni se le había dado importancia hasta que se ha producido el testimonio del señor Martín. este hombre narra un suceso impactante que ha causado impacto y que ha hecho que se investiguen los hechos.
El Sr. Ruiz vive en un chalet situado en la carretera mencionada. De este hecho deducimos que la conoce a la perfección. Una noche conducía a casa de regreso del trabajo. Iba con mucha precaución ya que en el ambiente reinaba una niebla muy espesa muy poco propia de aquella zona. Nunca había visto una niebla tan densa nunca. Y, de repente, tuvo que dar un frenazo brusco. Se encontró ante un cruce en la carretera, pero un cruce...un camino que no había visto nunca. Él llevaba 10 años viviendo allí, pasando dos o tres veces al día por allí…y nuca había visto ese camino.
Reanudó el trayecto con una sensación de extrañeza enorme, dudaba si realmente había visto un cruce o era sólo su imaginación. Podía haber sido un efecto de la luna en la niebla…pero es que estaba seguro que allí había un camino.
Al día siguiente regresó por el mismo camino, dirección al trabajo, y al pasar por el mismo punto un escalofrío recorrió su cuerpo: no había ningún camino allí. En aquel lugar sólo había un terraplén de 4 metros de altura. En ese momento se dió cuenta que si hubiera cogido el camino habría caído por él y se habría despeñado. Gracias a que conocía el trayecto no lo cogió.
El suceso le había dejado muy confundido y lo comentó a unos amigos suyos al llegar al trabajo. Todos rieron, salvo uno que palideció al instante: Había oído hablar de esa carretera, de la historia de un camino que aparecía subitamente en una noche de niebla densa, pero nunca la creyó. Ahora todo parecía aclararse. Todo era cierto.
Ellos han estado investigando…en esa carretera han muerto más de 10 personas despeñadas…pero lo peor es que no es el único caso en todo el país. Existen muchos accidentes en noches de niebla extrañamente densa …¿será casualidad o será que existen más carreteras fantasmas?

La Casa Matusita
Muchas teorías existen en torno a esta casa situada en el centro de Lima, capital de Perú, concretamente en el cruce entre las calles Avenida España y Gracilazo de la Vega.
El edificio, de grandes magnitudes, soporta sobre sus espaldas, todo tipo de leyendas, fenómenos paranormales y misterios guardados, sólo reconocibles para el que osa, ha osado y osará entrar en la casa.
Se dice que esta casa, ya conocida desde los años 60, está compuesta por dos pisos. En la primera planta hay una tienda, pero en la segunda es donde se han dado a conocer sucesos de gran envergadura mística y social. Tales acontecimientos hacen que este segundo piso esté abandonado, debido al aura de peligrosidad que le rodea. Los pocos valientes que han osado entrar, dicen que es un lugar tan tenebroso que no se puede estar más de cinco minutos en la planta. De estos pocos atrevidos, existen dos personajes que han traspasado la frontera de lo privado a lo público, generando a su alrededor una serie de leyendas de las que no se sabe a ciencia cierta cuál es la verdadera.
Un caso es el del humorista argentino televisivo Humberto Vilchez Vera, que entró en la casa Matusita con la intención de grabar su programa “Los fantasmas se divierten”. De él se ha dicho de todo: que saltó por la ventana, sufriendo graves secuelas psicológicas. Que según estaba grabando su programa a las 2 horas, salió de aquel piso gritando como un poseído, mientras en esas imágenes, que obviamente el Canal 2 de Perú ha decidido no emitir, aparecían sombras por detrás de Humberto, e incluso voces. Otras leyendas hablan de que Humberto está perfectamente y continuó con su trabajo, pero lo cierto es que, desde su ingreso en un hospital psiquiátrico, donde permaneció durante 13 meses, no se ha vuelto a saber nada de él.
Otra de las leyendas es la de un sacerdote que ingresó en la casa con la intención de exorcizar a los siniestros espíritus. Al rato de estar allí, comenzarían a escucharse gritos desgarrados del sacerdote. Una versión dice que el cura, al no encontrar la salida, optó por suicidarse, aunque no existen datos fidedignos de un suicidio en el lugar. Otra versión cuenta que el sacerdote decidió exorcizar el lugar alejado de la casa y al poco de su acto de fe, comenzó a recibir escupitajos verdes y espumosos, tras lo que se largó de allí enloquecido.
La versión definitiva en torno a la casa Matusita es que todo los fenómenos en torno aal edificio son falsos, puesto que se ha observado actividad constructora en dicha segunda planta. Ediles han intervenido para paralizar dichas obras puesto que no existe autorización previa para dichas obras, por lo que se ha impuesto al propietario una multa de 3.300 nuevos soles.
Sea como sea, las leyendas en torno a la Casa Matusita seguirán creciendo como la espuma, pues estas historias alimentan el factor paranormal y, por tanto, turístico de la zona.
Las posibles causas de por qué esta leyenda ha ido creciendo serían varias, incluso se puede llegar a pensar que existen leyendas que motivaron estas leyendas.

El Mayab
Hace mucho, pero mucho tiempo, el señor Itzamná decidió crear una tierra que fuera tan hermosa que todo aquél que la conociera quisiera vivir allí, enamorado de su belleza. Entonces creó El Mayab, la tierra de los elegidos, y sembró en ella las más bellas flores que adornaran los caminos, creó enormes cenotes cuyas aguas cristalinas reflejaran la luz del sol y también profundas cavernas llenas de misterio. Después, Itzamná le entregó la nueva tierra a los mayas y escogió tres animales para que vivieran por siempre en El Mayab y quien pensara en ellos lo recordara de inmediato. Los elegidos por Itzamná fueron el faisán, el venado y la serpiente de cascabel. Los mayas vivieron felices y se encargaron de construir palacios y ciudades de piedra. Mientras, los animales que escogió Itzamná no se cansaban de recorrer El Mayab. El faisán volaba hasta los árboles más altos y su grito era tan poderoso que podían escucharle todos los habitantes de esa tierra. El venado corría ligero como el viento y la serpiente movía sus cascabeles para producir música a su paso.
Así era la vida en El Mayab, hasta que un día, los chilam, o sea los adivinos mayas, vieron en el futuro algo que les causó gran tristeza. Entonces, llamaron a todos los habitantes, para anunciar lo siguiente: —Tenemos que dar noticias que les causarán mucha pena. Pronto nos invadirán hombres venidos de muy lejos; traerán armas y pelearán contra nosotros para quitarnos nuestra tierra. Tal vez no podamos defender El Mayab y lo perderemos. Al oír las palabras de los chilam, el faisán huyó de inmediato a la selva y se escondió entre las yerbas, pues prefirió dejar de volar para que los invasores no lo encontraran. Cuando el venado supo que perdería su tierra, sintió una gran tristeza; entonces lloró tanto, que sus lágrimas formaron muchas aguadas. A partir de ese momento, al venado le quedaron los ojos muy húmedos, como si estuviera triste siempre. Sin duda, quien más se enojó al saber de la conquista fue la serpiente de cascabel; ella decidió olvidar su música y luchar con los enemigos; así que creó un nuevo sonido que produce al mover la cola y que ahora usa antes de atacar. Como dijeron los chilam, los extranjeros conquistaron El Mayab. Pero aún así, un famoso adivino maya anunció que los tres animales elegidos por Itzamná cumplirán una importante misión en su tierra. Los mayas aún recuerdan las palabras que una vez dijo:
-
Mientras las ceibas estén en pie y las cavernas de El Mayab sigan abiertas, habrá esperanza. Llegará el día en que recobraremos nuestra tierra, entonces los mayas deberán reunirse y combatir. Sabrán que la fecha ha llegado cuando reciban tres señales. La primera será del faisán, quien volará sobre los árboles más altos y su sombra podrá verse en todo El Mayab. La segunda señal la traerá el venado, pues atravesará esta tierra de un solo salto. La tercera mensajera será la serpiente de cascabel, que producirá música de nuevo y ésta se oirá por todas partes. Con estas tres señales, los animales avisarán a los mayas que es tiempo de recuperar la tierra que les quitaron.
Ése fue el anuncio del adivino, pero el día aún no llega. Mientras tanto, los tres animales se preparan para estar listos. Así, el faisán alisa sus alas, el venado afila sus pezuñas y la serpiente frota sus cascabeles. Sólo esperan el momento de ser los mensajeros que reúnan a los mayas para recobrar El Mayab.

La Bruja Asesina
Annie Mae Patterson era una joven hermosa que se casó con John Palmer quien era un próspero hombre de tierras azucareras, dueño de una hermosa hacienda y un gran número de esclavos.
Lo que parecía ser un hermoso romance y matrimonio feliz, terminó siendo una historia de horror protagonizado por la misma Annie Mae, a quien solo le movía el interés desmedido de quedarse como dueña de la hacienda y de todo lo que allí había.
Annie era una mujer misteriosa que practicaba magia negra y el vudú, cuando había logrado la confianza total de su esposo, lo asesinó haciendo creer a todos que había muerto de fiebre amarilla.
Dueña, ama y señora de la fortuna y tierras de su fallecido esposo, siguió practicando sus ritos malévolos dentro de la hacienda y tratando a los esclavos de una forma despiadada.
Después se casó con dos hombres más y también murieron misteriosamente luego de casarse con ella, y por supuesto le dejaron toda su fortuna, los esclavos que tenía a su servicio se encargaban de sacar los cadáveres de la hacienda y desaparecerlos.
Pero su maldad no tenía fin, tenía más de 2000 esclavos con los cuales hacia cualquier maldad, siguió practicando el vudú e hizo muchos rituales para lo cual mató sin piedad esclavos incluso a niños.
Cuando en el año 1830 se declaró la libertad de todos los esclavos y muchas revueltas sucedieron, la hacienda Rose Hall fue invadida por los esclavos quienes desahogaron toda su furia contra Annie Mae Patterson, asesinándola y lanzando su cuerpo por la ventana. Así murió la bruja de Rose Hall también conocida como la bruja blanca.
Ahora la hacienda Rose Hall es un lugar visitado por muchas personas y se considera una construcción antigua de gran valor.

Fantasma De Ana Bolena
La segunda esposa del rey Henry VIII fue decapitada y su fantasma sigue presente en el lugar de su ejecución.
Ana Bolena fue la segunda esposa del rey Henry VIII con quien tuvieron a su hija Isabel que fuera en años posteriores la reina Isabel I. Ana fue una de las reinas más populares e influyentes de la historia de Inglaterra.
Según fuentes históricas, su esposo el rey Henry VIII se habría desilusionado de ella por no haber sido capaz de darle un hijo varón, entonces decidió en complicidad de sus hombres de confianza deshacerse de la incómoda presencia de Ana Bolena en la corte.
Es así que planificaron una acusación por adulterio diciendo que mantenía en secreto una relación con un músico cercano a la corte. Fue acusada de incesto por mantener una supuesta relación con su hermano y además tuvo que soportar ser acusada de traición.
Ana fue juzgada y condenada a muerte por decapitación en mayo del año 1535, en medio de voces de protesta pues creían en la inocencia de la reina, Ana Bolena hasta el último momento de vida juró ser inocente de los cargos que se le imputaban.
El rey ya se encontraba en amoríos secretos con otra mujer y este habría sido el verdadero motivo para separar a Ana de su lado. El día de su muerte ella se confesó y dijo algunas palabras para su amado pueblo de Inglaterra.
Con el paso del tiempo se convirtió en mártir y se le conmemora de manera especial.
Al parecer el inmenso sufrimiento de la reina no la dejo descansar en paz y luego de su muerte su fantasma no deja de recorrer el lugar donde fue enterrada, la torre de Londres.
Las apariciones del fantasma de la reina ha sido el que más apariciones tiene en la Torre de Londres, donde se conoce de otras apariciones espectrales.
En ocasiones aparece paseando sola y altiva cerca a la Torre y en otras camina liderando una procesión en una capilla muy conocida del lugar.

La Casa Embrujada
Hace algún tiempo, en un paseo que hice a los bosques de la ciudad de México, íbamos por la carretera, cuando de pronto el auto en el que viajábamos mi prima Angela y yo, se paró sin razón, lo habíamos alquilado y nos habían asegurado que todo estaba bien, por lo que decidimos bajar del auto y pedir ayuda, ya como mujeres inexpertas que éramos en mecánica, ni siquiera lo intentamos arreglar, teníamos miedo de estropearlo más de lo que ya estaba.
Nos colocamos las dos en el arcén de la carretera esperando que algún auto pasara y nos ayudara, era alrededor de las cinco de la tarde, y como era en el mes de noviembre ya empezaba a oscurecer, empezamos a sentir miedo e inseguridad, nosotras en plena carretera y solas.
Pero nuestra suerte cambió en pocos minutos y mi amiga Angela logró detener un auto, era un joven muy guapo, nos preguntó que pasaba y nosotros no supimos explicarle exactamente el problema que tenía el auto, el joven levantó el capó y miró si el auto tenía algún desperfecto, pero como ya oscurecía y no teníamos ninguna linterna el joven nos sugirió:
- Miren, vivo cerca de aquí, en una pequeña casa, muy humilde, vivo con mis abuelos, pero con todo gusto les ofrezco mi casa y mañana bien temprano vamos al pueblo mas cercano y buscamos ayuda, y si no es algo grave hasta yo les puedo ayudar sin ningún compromiso..¿que dicen?
Angela y yo nos miramos y pensando que era peor quedarnos solas en la carretera, aceptamos la propuesta del joven.
Ocultamos el auto entre unos árboles y nos dirigimos bosque adentro hacia el hogar del joven, efectivamente no se encontraba lejos de la carretera, cuando entramos a la casa, estaban una linda pareja de ancianitos sentados en unas mecedoras de madera, muy callados, la abuela sólo nos sonrió, nosotras contestamos el saludo y el joven inmediatamente nos llevó a lo que sería nuestro cuarto.
Al llegar la noche, Angela y yo no podíamos dormir de tantos ruidos que escuchábamos, decidimos salir para ver que pasaba, y vimos que el cuarto del joven tenía la luz encendida, y escuchábamos como se aclamaba desesperadamente a Dios pidiendo repetidas veces perdón...pero no sabíamos
por qué, Angela se acercó al barandal de la escalera y me dijo:
- ¡Mira!...
Estaban bajo nosotras las dos mecedoras que se movían como si algo o alguien estuviera sentado ahí, meciéndose, no había viento ni nada que las moviera, las dos nos miramos asustadas y corrimos a nuestra habitación para encerrarnos, cuando amaneció ninguna de las dos había podido dormir. Cuando salimos de la habitación había un silencio sepulcral, que hasta daba miedo, estábamos tan asustadas que decidimos salir de de la casa y buscar el auto, al fin de cuentas no caminaríamos mucho.
Cuando llegamos al auto, cual seria la sorpresa, que arrancó a la primera, sin ningún fallo y logramos irnos de ese misterioso lugar el cual nos causaba miedo.
Llegamos a un restaurante del primer pueblo que encontramos, teníamos mucha hambre, un policía que se encontraba sentado cerca de nosotras nos preguntó:
- ¿Es de ustedes ese auto que esta afuera?
- Si.- le respondimos.- ¿Por qué oficial?.
- Me pareció haberlo visto en la orilla de la carretera.
_ Ah si, lo que pasa es que nos quedamos en una casa que esta cerca del lugar, ya
que nuestro auto se paró y no podíamos arrancarlo.
_¿Donde dicen que se quedaron?
_ En una casa que esta cerca de allí.
_ La única casa que está cerca de allí es la de los Sres. Sánchez.
- ¿Unos que viven con un joven?
- Dirán, vivían, hace tiempo que murieron los abuelos, al parecer cuentan que el
joven los mató y después se suicidó. Se encontraron los cuerpos de los abuelos sin
vida sentados en sus sillas y el joven colgado de su cuarto.
- No puede ser oficial, tal vez sea otra familia la que usted nos dice, porque nosotras estuvimos en esa casa, y ahí estaban los abuelos y el joven, la abuela
hasta nos sonrió y el joven nos prestó una habitación.
- Pues quien sabe muchachas, tal vez esté equivocado, puede ser alguna otra cabaña del lugar que yo no conozca, pero no lo creo, este pueblo es muy chico y vivo aquí desde que nací, y créanme, según yo, la única casa separada del bosque es esa, pero
para salir de dudas, ¿por qué no vamos al lugar donde dicen ustedes que se quedaron a pasar la noche?.
Decidimos llevar al oficial a la casa, tal vez porque queríamos escuchar de sus palabras, que efectivamente, se había equivocado y nosotras nos quedaríamos tranquilas.
Pero cuando llegamos al lugar, el oficial afirmó que realmente era la casa de los abuelos asesinados y del joven que se había suicidado. Nosotros le creímos porque la casa ya no estaba igual, cuando entramos, era una casa totalmente abandonada, sin techo, con telarañas, ahí estaban las dos sillas solas y del techo de la habitación del joven, aun colgaba la cuerda con la que había sido ahorcado.

La Mujer Del Pasillo
Una noche de Halloween, por hacer algo de miedo, jugamos a la Ouija, cosa de la que siempre me arrepentiré. La noche era fría, en el ambiente se notaba un aroma extraño, no sé definirlo con palabras; unos amigos y yo buscamos una vieja Ouija que mi familia siempre ha tenido guardada... Era de mi bisabuela, la cual había muerto cuando yo aún no había nacido, y siempre había querido conocerla. Mis amigos hacían eso por diversión, yo por un fin, puesto que quería hablar con mi bisabuela.
La sesión comenzó, entre risas mis amigos bromeaban, yo estaba muy serio, concentrado, pero ellos no lo notaron, hasta que cayó un rayo que iluminó toda la habitación oscura, seguido de un trueno, que estremeció hasta el último de mis huesos. Asustados por el rayo, mis amigos, se quedaron en silencio, como yo, concentrándose, de repente, el puntero de la Ouija comenzó a moverse. Preguntamos alunísono, quién era, pero no respondió.
El puntero se movía sin cesar de un lado para otro, sin formar palabras. Al final paró, y lentamente, formó las siguientes palabras: "stoy yendo a por vosotros".
Era una mujer, que estaba en el pasillo y gritaba por entrar a mi habitación. El cerrojo estaba echado, no podía entrar, pero parecía que iba a tirar la puerta abajo.
La mujer gritaba desesperada, la puerta iba a caer, así que empujamos la cama para atrancarla. La mujer cada vez más desesperada, gritaba mi nombre. Yo tuve el impulso de abrir la puerta, pero me contuve, esos gritos eran desesperados.
Entonces me di cuenta: Era mi bisabuela; algo me lo decía, aunque no podía explicar cómo lo sabía.
Me lancé a abrir la puerta, quería verla, tenía que verla, pero mis amigos me agarraron. Los gritos cesaron, una de mis amigas, tuvo un ataque de nervios. Nos acercamos a consolarla, pero una voz grave y fuerte salió de ella diciendo que no nos acercáramos. Nos quedamos de piedra.
La mujer del pasillo comenzó a gritar de nuevo: "¡Os lo advertí, y no me hicisteis
caso, ahora moriréis!". Mi amiga comenzó a moverse de un lado a otro, diciendo que nos mataría. Intentamos abrir la puerta pero no pudimos. Los gritos volvieron a cesar, conseguimos abrir la puerta, yo salí primero, pero se cerró detrás de mí. Oí los gritos aterrorizados de mis amigos, histéricos, pidiendo socorro, dando patadas a la puerta para abrirla.
Escribo mi historia, cuarenta y cinco años después de que ocurriera, pues acabo de salir de la cárcel, culpado por el asesinato de mis amigos, los cuales encontré muertos cuando conseguí abrir la puerta de mi habitación.

El Entierro
No negaré, pues este diario fue iniciado para consignar la realidad de mi misión, y no fábulas que agraden a los oídos necios, que la llegada a Saint Sulpice ha sido dura y decepcionante a partes iguales. La que figura como misión en los anales de nuestra orden no es más que una aldehuela sucia y descuidada por la que vagan impúdicos salvajes desnudos.
El padre Agustino, a quien tomo el relevo de la congregación, es un viejo nervioso y pusilánime que no ha conseguido transmitir la energía que requieren estas infantiles criaturas. En vez de utilizar su autoridad para construir una iglesia decente con la que sustituir la choza infecta que se utiliza ahora, se ha dejado embaucar por los cuentos de sus lugareños. No hay cultivos, no hay canalizaciones de agua, no hay mejora alguna. El único signo de la llegada del Cristo a estas tierras es una basta cruz de madera, en la que suelen encaramarse los monos sin que a nadie le importe tal irreverencia, y los dos novicios que asistían al viejo padre Agustino, dos salvajes que, al menos, hablan con ingenio, si bien no con corrección, un patois bastante similar al francés de las antillas.
Del propio padre Agustino sólo he recibido un único consejo, desconfiar de los monos, y una recomendación que, por supuesto, desoiré: no inhumar a los muertos, sino continuar incinerándolos. Reconozco que he sentido un gran alivio al embarcar al viejo misionero rumbo a Manila. Espero que las hermanas de la Compañía de María puedan dar reposo a su perturbado espíritu.
François cerró, algo abatido, el diario en el que iba consignando su labor misionera. Sí, ciertamente Dios le ponía a prueba con aquel nuevo destino. El religioso frisaba ya los cuarenta años y veía sus fuerzas menguar. A largo término, sabía que terminaría como el propio padre Agustino, reducido por las fiebres y la tensión a un vulgar viejo supersticioso. Al darse cuenta de su dureza, se santiguó por el poco pío pensamiento y se levantó dispuesto a emprender con energía su trabajo.
Lo primero, pensó echando un vistazo al irregular conjunto de chozas embarradas que le circundaban, sería la iglesia. Pero no el edificio en sí, sino mostrar con un gesto que la llegada de Cristo había sido efectiva. Aquellos salvajes necesitaban un punto de referencia a partir del cual construir su futuro. Y ése no sería una cruz que sirviese de palo de gallinero a los monos. Un oficio solemne sería un comienzo mucho más efectivo.
Era por ello que, escasamente había despedido al padre Agustino, François había encomendado a sus novicios construir una cerca alrededor de la cruz. Aquello no impediría a los monos llegar hasta ella, pero demarcaría el recinto sacro, un recinto que se cimentaría sobre lo más sagrado: las tumbas de los primeros conversos. Tomando la idea de las viejas catedrales europeas, enlosadas con las lápidas de los obispos de siglos y siglos, había concebido aquel ingenioso plan. Por un lado le permitiría desterrar aquella bárbara tradición de incinerar los cuerpos para que los “demonios del bosque” pudieran llevarse a los espíritus convertidos en humo; por otro lado, daría unos impactantes cimientos al templo, el cual sería su segundo objetivo.
Desde su improvisado escritorio, que no era otra cosa que una caja con enseres que había traído de su anterior destino, llamó a uno de los novicios, quiénes ya terminaban de levantar la cerca del recinto con cañas de bambú.
-Domingo –le dijo al salvaje: Esta tarde enterraremos al hombre que murió ayer en la jungla. Será una gran ceremonia, y tú y Santiago vestiréis túnicas blancas. Ahora tenéis que hacer una zanja bajo la cruz.
El joven indígena asintió durante la perorata del misionero, pero cuando terminó le dijo, para su sorpresa:
-No zanja.
-Domingo –volvió a decirle François en el tono conciliador que se usa con un niño poco despierto- esta tarde oficiaremos el enterramiento bajo la cruz. Por eso necesito que hagas una zanja.
-No zanja –insistió el joven con obstinación. Luego hizo gestos como si arañara algo para completar su explicación:- monos tomar muerto.
“Monos del Diablo”, pensó el misionero, “tal vez el padre Agustino no andaba tan desencaminado.” ¿Qué podría hacer para evitar que los monos desenterraran el cadáver? Sería muy perturbador para todos si algo así ocurría, y sabía que los monos eran muy capaces de llevar a cabo tan macabra empresa. Si algo tenían aquellas bestias, era determinación.
-Usaremos piedras –indicó magnánimo retomando la idea de las catedrales europeas.- Cubriremos los cuerpos con losas y piedras. Dile a Santiago que te ayude a traer piedras de la jungla.
Domingo le dedicó una gran sonrisa y después, entre risitas, comunicó al otro novicio la determinación del misionero. Éste les observó reírse entre dientes, pero, aunque no entendía por qué lo hacían, decidió no darle importancia.
La tarde discurrió pesada, húmeda. La inspección del resto de la aldea no mejoró el humor de François. Los indígenas se habían contentado durante generaciones con vivir de lo que daban los árboles frutales y el propio río, en el que pescaban, desnudos, valiéndose de largas lanzas bifurcadas. No eran gentes industriosas ni trabajadoras, sino más una cuadrilla de haraganes. Un pensamiento le asaltó varias veces durante esa jornada: los omnipresentes simios que compartían el territorio parecían mucho más despiertos y trabajadores que los propios hombres. Sí, se dijo, Dios le ponía a prueba.
Cuando ya iba a caer la noche, tras inspeccionar el montón de piedras negras que habían recolectado Domingo y Santiago, François volvió a la choza que había alojado al viejo padre Agustino y se vistió con la ornamentada sotana para oficios solemnes. Luego fue el turno de sus novicios, que le asistirían durante la ceremonia ataviados con casullas blancas. Éstos parecían inquietos y no dejaban de reírse, lo que le resultaba francamente molesto. Al final, les amonestó seriamente antes de salir a oficiar. Después de todo, era importante dar una buena impresión a los aldeanos.
Como había previsto, su reprimenda caló hondo en los pueriles espíritus de los indígenas y éstos se mantuvieron tranquilos durante toda la ceremonia, la cual, por otro lado, tampoco fue todo lo solemne que él hubiera querido. Entre la desordenada multitud que le observaba curiosa, riendo entre dientes y meneando la cabeza con escepticismo, se veían numerosos monos. Paradójicamente, éstos observaban con gran seriedad, muy quietos, las evoluciones del sacerdote.
Terminado el oficio, que François tampoco quiso prolongar demasiado a causa del calor, los tres religiosos cubrieron el cuerpo del difunto con las rocas traídas de la jungla. Algunas eran pesadas y su manejo resultaba aparatoso, por lo que la solemnidad del momento terminó de diluirse. Por otro lado, se dijo el misionero, los comienzos siempre era difíciles y, además, la base creada con aquel sepulcro sería un sólido pilar para la iglesia que pensaba erigir.
Finalmente, tras una plegaria a la que los indígenas no prestaron mucha atención, la comitiva se dispersó para pasar la noche. François, algo irritado, y en parte intrigado, llamó a Domingo a su lado.
-Dime, Domingo, ¿por qué los hombres de la aldea movían la cabeza? –le preguntó en relación a aquel gesto escéptico que tanto se había repetido durante el sepelio.
-Piensan en monos –dijo el muchacho señalando a los simios que todavía aguardaban, sentados, en torno a la cerca.- Monos no gustan hombres enterrados –añadió repitiendo el gesto de arañar.
-Los monos no moverán las losas; son demasiado pesadas –replicó el misionero, irritado, antes de retirarse, sin más saludo, a su choza.
El calor aquella noche era opresivo. La gran humedad ambiental hacía difícil respirar. Conocedor del clima de los trópicos, François decidió dormir en el camastro de cañas trenzadas del viejo padre Agustino. Sabía que en su hamaca, aunque estaría más protegido de víboras e insectos, se sentiría agobiado por el calor.
François era un hombre con tendencia a sofocarse en sueños, a verse asaltado por pesadillas. Como fascinado mórbidamente por esta afección, había estudiado profundamente las connotaciones de los vocablos con los que se designaban, desde el íncubo italiano, de claro significado, al nightmare inglés. Siempre había creído que significado y significante guardan claves ocultas, y en castellano esto se le aparecía con la mayor claridad: pesadilla era la definición más clara de sus terrores nocturnos. Sin duda los hispanos habían encontrado la palabra clave para designar su afección, que siempre se traducía, por muy colorido que fuera el sueño, por una opresión sobre el pecho, un peso muerto, el peso del íncubo que perturbaba su descanso.
Aquella noche, como cabía esperar a causa del calor y de las fuertes impresiones de la jornada, tuvo malos sueños desde que cerró los ojos. En ellos, los simios de la aldea estaban vestidos con sotanas y casullas, pero aunque aquello le llenaba de indignación, no conseguía reunir valor para protestar. “Debo respetar mi voto de obediencia”, pensaba inmerso en la pesadilla, observado por los ojillos brillantes de los simios, “si la Santa Sede ha decidido ordenarles, ¿quién soy yo para censurar que vistan los hábitos?”.
Sin embargo, a pesar de que se daba buenas razones en la ilógica del sueño, aquella visión le resultaba perturbadora y agobiante. Poco a poco, a medida que más y más monos aparecían vestidos de misioneros, más difícil le resultaba respirar. Al final se dio cuenta de que el motivo era que se seguían subiendo a la basta cruz de madera, a pesar de que ya la habían escalado media docena, y que ésta sangraba.
-¡Bajad de ahí! –gritaba en sueños- Os lo ruego, bajad de la cruz –rogaba sintiendo que, si continuaban así, al final no podría respirar.
Entonces, con la vaga sensación de estar luchando por emerger de la negrura, François abrió los ojos y tomó una gran bocanada de aire. “Una pesadilla”, se dijo al sentir la opresión en el pecho, su pulso acelerado. “Sólo un mal sueño, un íncubo”, se tranquilizó al vislumbrar la techumbre de cañas trenzadas. “Tomaré un poco de aire y todo irá mejor”, decidió finalmente.
Sin embargo, al intentar alzar los brazos, sintió como si una fuerza le empujase hacia el suelo. Se sentía como hundido en el catre, oprimido por las sombras. Intentó alzarse de nuevo y escuchó un sonido áspero, como de una roca deslizándose sobre otra roca. Entonces vio el reflejo de la luna en unos ojillos vivaces y el horror tomó forma.
Una docena de monos le observaba, todos sentados con total seriedad, desde la oscuridad de la choza. Todos en solemne silencio. Entonces, uno de ellos se alzó y colocó otra piedra negra sobre el lecho que ya habían formado sobre el sacerdote. François sintió el peso sobre su pecho y sucumbió al pánico. Le faltaba la respiración, no podía gritar, no conseguía hinchar su diafragma con el aire suficiente para lanzar un grito de ayuda. Con los ojos cuajados en lágrimas, el misionero contempló, sin conseguir recuperar el control de sí mismo, cómo los simios completaban su sepultura, poco a poco, piedra a piedra.

La Fiesta
No es fácil empezar, después de leer mi historia lo entenderán. Vivía en una pequeña casa, aislada de la ciudad, ya que por la enfermedad de mi madre nos tuvimos que mudar aquí, mi mamá tenía pánico a la gente y se alteraba demasiado.
En mi casa somos tres, mi madre, mi medio hermano y yo, mi papá murió cuando yo tenía sólo siete años.
Como decía, la casa es pequeña, pero tenebrosa, y mis compañeros de curso lo sabían, por eso insistieron celebrar aquí la fiesta de halloween, a lo cual accedí.
Llegó el día, todos mis amigos y yo estábamos en mi casa, pero en mitad de la fiesta a alguien se le ocurrió proponer:
- Juguemos a la ouija. Todos aceptaron.
Lo preparamos todo minuciosamente, hasta el último de los detalles, ocupamos nuestros puestos y comenzamos la invocación. Increíblemente el testigo respondió inmediatamente a nuestra llamada, se habían cumplido nuestras expectativas. Pero de repente una extraña sensación llegó a mi ser, se escuchaban gritos en la segunda planta, un frío penetró de golpe las almas de todos los presentes y una ráfaga de viento abrió bruscamente las ventanas, todos quedamos impasibles. ¿Qué estaba pasando?, al fin reaccionamos y algunos empezaron a gritar, otros reaccionaron riéndose, como si quisieran creer que todo era una broma. Pero no, en mi casa nunca habían pasado cosas así.
Pasados unos segundos, el silencio volvió y los ánimos se iban calmando, pero de pronto uno de nuestros compañeros rompió el silencio, estaba pronunciando palabras que ninguno de nosotros podía entender, parecía que hablaba en latín. Algunos empezaron a reír y otros no lo soportaban más, querían que se callase, pero el no paraba, los ánimos se caldearon de nuevo y una amiga empezó a pelearse brutalmente con un compañero.
El panorama era dantesco, unos reían como endemoniados otros gritaban, se peleaban y varios cayeron desmallados, era horroroso e insoportable.
Por fin llegó un momento de calma, pero no duro mucho, una nueva oleada de cólera descontrolada invadió a los allí presentes, los gritos aumentaron, ya no se podía más, era horrible, la sangre salpicaba las paredes, el testigo de la ouija se movía solo, pero de forma controlada, pude leer:
- Fue un gran error…
A pesar de todo lo que estaba ocurriendo en aquella sala, yo intentaba mantenerme tranquila y razonable, pero no aguante mucho, el tablero empezó a temblar bruscamente y de el salió un resplandor, allí pude ver a mi padre, él estaba provocando todo esto, ahora sabía lo que estaba ocurriendo, habíamos abierto la puerta, y él no se iba a peder tan esperada cita por nada del mundo, buscaba venganza…Pero…¿Por qué?.
Reaccioné inmediatamente y subí las escaleras de tres en tres, tenía que encontrar a mi madre, pero al llegar al segundo piso la encontré muerta, y mi hermano yacía muerto a su lado. ¿Por qué los mató?...
Poco después encontré el diario de mi madre, allí encontré todas las respuestas. Mi madre lo había asesinado, junto con el papá de mi medio hermano, mi padre había cumplido su amenaza…
Ahora entiendo los gritos, eran ellos, de un día a otro mi familia y mis amigos habían desparecido para siempre. Nunca olvidaré aquel halloween
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El Bebé Muerto
En una casa de Cordoba, vivia muy feliz una pareja. La mujer estaba envarazada, y a su bebe lo ivan a tener mui pronto!
resulta que cuando tubo a su bebe, el estaba con una enfermedad muy peligrosa, que no sabia si se podria salvar.
la madre del niño se contagio mientras el estaba en la panza y a los 2 dias murieron.
el esposo todos los dias iva a dejarle una rosa a su hijo y esposa al cementerio. un dia de estos se le aparecio su hijo en la cuna de su casa... el hombre se asusto tanto que decidio venderla. pero no le funciono el plan.
el seguia viendo la imagen de su hijo, y la unica forma de que lo dejara en paz era de matarce!
el hombre no sabia que hacer, estaba con mucho miedo y todas las noches escuchaba llorar a su hijo...
una noche que el fue al baño vio escrito con sangre algo que le habia dejado su hijo, este decia "PADRE NO TE ASUSTES, MI ALMA SOLO ESTA EN PENA Y NECESITA TU AYUDA" el le gritaba "LO SIENTO HIJO PERO NO SE COMO HACERLO" a la noche siguiente en el espejo el niño escribio de nuevo "PADRE, SOLO NECESITO TU MUERTE, POR FAVOR AYUDAME A IRME DE ESTE MUNDO PARA IR A DONDE DIOS MANDA". El padre no sabia que hacer, si matarse o seguir viendo la imagen de su hijo. A la noche siguiente el fue de nuevo al baño y en el espejo decia "SI NO TE MATAS CAERA UNA MALDICION SOBRE TI" Pero el no le hizo caso! creyo que todo esto era producto de su imaginacion.
al dia siguiente el padre fue a trabajar, creyendo que todo lo que le paso fue un sueño.
Ese mismo dia, antes de llegar al trabajo el jefe lo despidio en la puerta del trabajo. Al llegar a su casa en todos los espejos decia "VES LO QUE TE PASA X NO HACERME CASO?. AHORA MATATE SINO MAÑANA ESTARAS MUERTO." El hombre de lo tan nervioso que estaba agarro un cuchillo se lo clabo en el corazon y al despertar era todo un sueño, su esposa estaba con su hijo en el hospital viendolo como se recuperaba del cuchillaso que se metio!.
se dice que cuando sueñas cometes locuras, intenta no hacerla, o te arrepentiras toda tu vida!